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Las posibilidades de la ficción
Edgardo Méndez

“La infancia es un mundo muy complejo, no es ese mundo simplificado y maniqueo, rosado y sin filos que nos han hecho creer, yo creo que la infancia es un territorio bien oscuro, bien dañino y bien dañoso”.

“Una vez mi mama estaba lavando los trastes y yo le pregunte:
-¿por qué soy un niño tan triste, por que estoy tan triste?
-Si tú siempre te estas riendo –me respondió
-Ah, sí verdad...
Entonces yo sentí paz.”

“Al recordar ahora lo que mi mama me dijo siento paz... Cuando descubrí eso, me di cuenta, de que yo no dejaba hablar todo eso que estaba detrás del telón. Es por eso que hoy me aventuro a tocar esos temas”.

Ricardo Chávez Castañeda a través de una breve conversación, nos habla de las historias que ha creado a través de su imaginación, así como del camino que ha seguido desde que decidió dedicarse por completo a la escritura.

Creador de la Generación Fría, participante activo de la Generación del Crack, cualquier cosa que esta etiqueta quiera decir, ensayista que trazó el mapa del “Continente Narrativo Mexicano”, con La generación de los entrerradores, amante de la situaciones límite y de la imposibilidad humana, a través de sus palabras nos interna en la carne y la visión de un creador que ha trazado con su pluma más de 30 libros, mundos e historias.

¿Cómo nace el escritor dentro de ti?

— Yo quería ser futbolista, fracase y luego me metí a estudiar computación, pero eso era algo demasiado frío. Luego quise ser psicólogo por que me gustaba la subjetividad. Al segundo año de la carrera un maestro de psicología en un taller literario me dijo: “¿Te has puesto a pensar que se puede escribir una historia en una sola página?”. Esas palabras para mí fueron magníficas, porque él me dio una estructura. Algo en mí se destrabó y de ahí en adelante escribí una historia al día, durante dos años.

Era algo obsesivo, todos los días tenía que escribir una historia. Recuerdo un cuaderno donde atrás escribía todas las semillas gérmenes de los relatos. No todos los realicé.

¿Qué significaron para ti todos los premios que recibiste en una época temprana de tu escritura?

— Yo escribía y escribía y no pasaba nada. Los premios que recibí después fueron un apoyo económico y como una palmada en el hombro.

Algo muy particular de tu carrera como escritor es que siempre has podido vivir de lo que escribes…

— Es que sacrificas la vida. Yo me digo ¿qué tengo ahora? De pertenencias... nada. Este maestro de psicología del que te hable al principio me explicó algo que nunca olvido: que hay dos caminos para subir la montaña; uno es el de la ladera, el de la pendiente reducida. La gente que sube por esa ladera va creando escaloncitos y va subiendo. Es muy difícil que lleguen a la cima, pues se desgastan mucho haciendo escaloncitos. La ventaja que tiene ese camino es que cuando te caes, no te caes hasta abajo, sólo caes a un escaloncito atrás. Hay otros que suben por la parte difícil, por la pared... ahí no puedes hacer escalones, simplemente escalas, ahí o llegas a la cima o te caes. Yo siempre he ido por ese último camino. Tengo todos los premios, todas las becas, pero económicamente siempre he estado en el límite. Las becas han sido una estrategia de supervivencia.

¿El diccionario de la Generación Fría es el simiente del ensayo La Generación de los enterradores ?

Ahora, rastreando de donde vienen mis proyectos, yo creo que sí. Tengo una obsesión por los diccionarios, por las palabras. Tengo una obsesión por el mundo que se puede reducir a palabras; entonces siempre digo: si logramos crear un diccionario que abarque no el mundo completo, sino ciertos mundos, un fragmento... me gustaría reducirlo a un libro. Lo que me gusta es reducir el mundo a palabras.

¿Cuál crees que fue la aportación más significativa de la publicación de ese ensayo?

— Lo principal es ser la primera voz, aunque puede tener muchos errores... pero yo creo que lo que hizo fue abrir una temática que no se había abierto... Le dio voz a algo que no se le había dado. De aquí en adelante pienso que los libros que vengan serán más pensados, más estudiados, más medidos.

Nosotros mientras iniciamos dentro de la literatura no hubo nadie que nos hablara de cómo era el mundo de las letras. Siempre vemos este mundo como algo muy romántico. De repente que te aterricen en lo que es en verdad pude ser muy peligroso, también puedes bloquear carreras, pero es mejor la conciencia. Es una advertencia, un mapa. Lo que intentábamos era abrir algo que no se había abierto y legar una experiencia que ninguno de los escritores anteriores nos legó a nosotros.

¿Qué opinas a estas alturas de tu vida de todos los escritores que marcaste como enterrados por que se dedicaban más a la política que a la literatura?

— No es tanto que ellos decidan dedicarse a eso sino que el medio literario te ahoga. No tanto el medio sino la manera en la que se considera el arte en una sociedad pobre. En una sociedad como la nuestra es muy difícil que puedas sobrevivir de una actividad aparentemente no productiva. Yo creo que la mayoría de los escritores no se desvían voluntariamente. Lo que intentaron muchos fue sobrevivir, es por eso que se dedicaron o dedican a la política, al periodismo o a escribir guiones.

¿Qué piensas de la evolución de la Generación del Crack?

— El crack ha sido una generación de escritores muy protegida. Incluso yo que me siento uno de los escritores mas desprotegidos, he sido protegido por todo esto que hicimos. Todos los del crack nos dimos cuenta de que en solitario, el camino era muy difícil y entonces por eso nos agrupamos. Y nos agrupamos de la manera más interesante, que es la amistosa.

¿Quiénes serán los enterradores de tu generación?

— Todavía es muy difícil saber, yo creo que todavía no están escribiendo. Pienso que los rompimientos se dan cada 45 años. Aunque sí, ya puedo ver que la generación siguiente, es una generación con una propuesta estética muy visual: visual de llevar la visualización a los textos, es decir, juegos visuales. Y más que eso, en la forma en la que ven el mundo. Lo que me llama la atención es la forma en que trabajan lo visual.

¿Cómo describirías a esta infancia del Siglo XXI?

— Esa sí no la conozco. Igual y también en parte escribo literatura infantil para entender lo que está pasando con la infancia. Ahora estoy escribiendo un libro adulto que tiene que ver con adolescentes y eso me fuerza a observarlos. Ahí me di cuenta de que no conozco ya a esta adolescencia... Sí la siento muy distinta a nuestra infancia. La infancia de esta época es muy asustada. Nosotros andábamos por todos lados, nuestros padres igual, pero esta infancia está muy asustada.

¿En Fernanda y los mundos secretos utilizas a tu hija como puente para conocer a esta infancia?

Yo tengo una formación de psicólogo y siempre estoy atento a las historias, entonces eso se contagia y mi hija de pronto me contaba de niños que estaban al margen, niños que en los recreos se alejan de todos, que estaban detrás de una ventana viendo a los otros.

De lo que me di cuenta con este libro es que todos los tratados psicológicos hablan de adultos y ven a los niños como adultos. Entonces yo me propuse aniñar el cuerpo donde residen todas esas subjetividades y representarlo a través de historias.

Al principio de tu carrera literaria te definías como un escritor de situaciones límite. En entrevistas recientes has dicho sobre tu obra que es un tratado de la imposibilidad, ¿Como sucedió este cambio de perspectiva?

— Es bien raro, yo creo que son dos líneas de pensamiento muy distintas. Cuando hablaba de los limites era lo oscuro, lo perverso. Siempre pensé que las situaciones límites hacen brotar algo en nosotros que puede ser terrible o maravilloso. Las situaciones límite sacan en verdad lo que eres.

En el terreno de la oscuridad todo era muy racional. El de la imposibilidad es aceptar el desencanto, ni muy optimista ni muy pesimista. En realidad, detrás hay una desilusión de todo lo que es el ser humano, de lo que no es el ser humano, de lo que no se logra, ni se logrará. Entonces me dije voy a dar voz a esa parte de la desilusión.

Yo creo que suponía que las experiencias límites te llevarían a nuevas posibilidades. Y ahora digo que eso es falso. Creo ahora que te mata lo mismo tener una idea demasiado alta del ser humano, como te mata también no darle ninguna esperanza al ser humano. Lo que he aprendido es a estar en medio, en la medianía, en la mediocridad en todos sentidos. No sólo en cómo se valora negativamente, sino cómo vives aceptando los límites y las imposibilidades.

¿Y que piensas hoy del fin del mundo?

— Sigue. Yo creo que el escribir sobre fin del mundo es otra vez poner al mundo en situaciones límites. Tengo un proyecto que se llama Todos los fines que son cuatro novelas cortas: el fin de la tragedia, el fin de la pornografía, el fin de la narrativa, el fin de la guerra, en todas lo que hago es quitar algo. Antes, al escribir sumaba algo al mundo; ahora veo el mundo tal cual es y le quito algo; muestro un mundo en agonía, es otra vez buscar cuales son las partes rescatables. Siempre es llevar el mundo más allá de los límites.

En la pornografía quito el pene, no lo sabes en libro pero es una especie de epidemia en la que estás desvergando al mundo, entonces qué pasa con la sexualidad, con la pornografía, con las relaciones humanas. La pornografía lo que hace es llevarte mas allá de los límites y los consumidores de pornografía buscan eso. Para mí el mas allá es el límite de eso, ahí nos damos cuenta de que la pornografía es un mundo bien masculino.

El fin de la narrativa tiene que ver con la perdida de la infancia, ¿qué pasa en un mundo sin niños?, el fin de la guerra es el fin de la capacidad de agresión, ¿qué pasa en un mundo sin violencia?

— Yo lo que hago es crear mundos donde se pudiera dar eso que no se va a dar, pero nos permite reflexionar de una manera que este mundo limitado por la normalidad y por las posibilidades ya no permite. Esa es la gran ventaja de la ficción: crear mundos verosímiles donde puedan suceder cosas que nos hagan pensar, reflexionar y sentir y sensibilizar lo que la realidad parece no permitir.